
Lunes en la tarde, Juan y Giordi salen rumbo a ese paraíso norteño llamado Mancora. Giordi invitaba, aprovechando que sus padres estaban de viaje y le habían dejado una muy buena propina. El hermoso norte los esperaba, las mochilas cargadas de hierva y otras sustancias para hacer de ese viaje toda una aventura. Al llegar van directo al Hotel Emperador, ubicado a orillas del mar. Alquilaron dos cuartos separados para que no hubiera problemas al momento de llegar de una juerga con alguna compañía.
La primera noche sin problemas, los dos encerrados en el cuarto de Juan, acompañados únicamente por un par de botellas de ron y a aspirar se ha dicho, parecían dos aspiradoras con toda la cocaína que entraba por sus orificios. Por inercia Giordi se levanta y se va a dormir a su alcoba, mientras que Juan se queda sentado mirando hacia la ventana hecho una roca humana.
A la mañana siguiente Giordi salió a correr a la playa, era de los que se preocupaba demasiado por su apariencia física, según el no había nada mejor que ir a correr cerca al mar luego de una buena juerga. Tenía que cuidarse si no ya no lo llamarían para hacer comerciales o aparecer de extra en alguna novela. Juan mientras tanto metido en su interior, viviendo en una bola de cristal, era como un niño encerrado en el cuerpo de un hombre. El no hacía las cosas por moda o imitación, el las hacía por convicción. El sabía que el día que su mente cerrada - en ese momento – le dijera que dejara de meterse sustancias al organismo el lo haría, o lo intentaría a pesar que su enfermedad no podría detenerla solo.
Cogió un libro, el calor en Mancora era inmenso por lo que optó por quedarse desnudo y se tiró en su cama. Repentinamente abrieron la puerta. Una chica se quedó inmóvil al ver esa escena – Disculpe usted joven – le dijo la indefensa muchacha al ver a Juan en paños menores. El también se quedó observando a esa chica. Y es que era hermosa, realmente hermosa: delgada, de muy bonita figura, cabello rubio y unos hermosos ojos celestes que mostraban la ternura de esa niña casi mujer.
- Discúlpame tu a mi, se supone que tenía que poner seguro a la puerta – Ella sonrió al comentario de Juan - ¿Cómo te llamas? – Le preguntó el.
- Carmen señor – Le respondió ella.
- No me digas señor por favor, ni que yo fuera tu papá, ¿cuántos años tienes Carmen?. El no dejaba de mirarla, realmente le encantó desde el primer momento en que cruzaron sus miradas, su respiración aumentaba a medida que sentía el aroma del perfume de esa chica cerca suyo.
- Diecisiete cumplidos. Ya vez, yo tengo veinti tantos y no me siento viejo eh. Ven siéntate un rato, no me tengas miedo, no soy ningún violador ni nada por el estilo, es solo que eres la primera persona que conozco aquí.
Ella se sentó en la cama - ¿Dime Carmen tienes hermanos? – Juan ya se había puesto algo de ropa.
- Si, tengo dos hermanos menores.
- Entonces si hay hombres en tu casa por que el miedo. Créeme, si te hubiera querido hacer algo lo hubiera querido hacer hace rato. Lo que si quiero pedirte es un favor.
- ¿Qué puedo hacer por ti? – Le preguntó ella ya con mas confianza.
- Chévere, por fin me trataste de tu. Bueno lo que te quiero pedir es que me sirvas de guía mientras estoy aquí. No lo tomes a mal, lo que sucede es que yo he venido con un amigo.
- Si, con Giordi. – Le respondió ella.
- Exacto, ¿de dónde conoces al quemado ese? – Le preguntó Juan consternado ante la rápida respuesta de la chica.
- Lo que sucede es que su familia es amiga de los dueños de este hotel y todos aquí lo conocemos, como viene todos los veranos.
- Si pues. Bueno quiero que me enseñes la vida nocturna de estos lares ya que mi súper amigo siempre se larga con alguna chica. Digamos que tu serás mi primera amiga.
- Pero yo trabajo. Solo puedo en las noches.
- Perfecto, justo lo que quiero es poder ir a juerguear con alguien por estos lares, mira si quieres te pago ¿qué dices aceptas o no?.
- Esta bien, seré tu guía turística, pero no por dinero si no porque me caes muy bien.
- Ok, pero eso si yo corro con los gastos.
Carmen salió de esa habitación prometiendo volver el mismo día a las nueve de la noche para el primer recorrido nocturno. Juan se había quedado atónito, su belleza y sencillez lo habían dejado consternado.
La semana pasó de ese modo. En las mañanas paraba con Giordi todo el día tirado en la playa mostrando los pectorales que había sacado para la ocasión luego de estar todo el invierno encerrado en el gimnasio de su casa, en las tardes se encerraba en el cuarto con Giordi a fumarse un wiro y aspirar unas cuantas líneas de cocaína como quién amenizaba la noche, como un pequeño entremés y las noches solo eran para Carmen.
El día jueves la invitó a salir a un local de Mancora. Entraron y se encontraron con gente de Lima a los que saludaron. Juan saludo a sus iguales, a chicos que igual que el habían llegado ya fuera en avión, bus o en sus propias camionetas 4 X 4, también habían varios extranjeros. Pidieron cervezas y piqueos, Carmen no estaba acostumbrada a beber por lo que se le subió el alcohol muy rápido, lo que conllevó a que ella se explaye mas y empezar a contarle a Juan su vida.
Los tragos iban y venían. Ya le había chocado a Juan por lo que entró al baño a aspirar un poco de cocaína. Al regresar a su mesa vio a Carmen bailar en medio de la pista. Se quedó observándola, viendo como se contorneaba ese cuerpo precioso de medio niña y medio mujer. El se levantó se puso frente a ella y se pusieron a danzar suavemente al ritmo del chill out. Se besaron en ese instante, el la cogió de la mano y la llevó al hotel.
Entraron al cuarto, el echó seguro para que nadie molestara. Ella se tiró en la cama mientras el armaba un wiro, tenía miedo de echarse en esa cama con ella, no quería malograr las cosas una vez mas, solo quería observar a esa niña y rezar para que en un futuro estuvieran los dos juntos, por un instante le hizo recordar a Jessi, pero Jessi ya no existía y Carmen era su realidad, ahora no había motivo para regarla nuevamente.
Ella en medio de su sueño abrió los ojos y vio como Juan armaba con la mayor concha su wirito - ¿Qué es eso? – Le preguntó inocentemente.
- Marihuana, ¿quieres? – Le dijo el mientras prendía el troncho recién armado.
- Eso hace daño – Le dijo ella – Todos los de Lima siempre son así.
- ¿Si me hiciera daño, tu crees que estaría haciéndolo?. Es decir tampoco es una medicina, pero si no lo haces en exceso no hay problema.
- ¿Me invitarías un poco? – Le dijo ella ganada por la curiosidad.
- Claro, toma.
El se sentó en la cama junto a ella tocándole suavemente su cabello - ¿Sabes que eres la chica que he estado buscando? – Le dijo el mirándola a los ojos. La tenía abrazada. Ella volteó y lo miró también, se besaron apasionadamente. Se echaron en la cama, el empezó a recorrer el cuerpo de esa niña, ella gemía mientras se quitaba la ropa, de pronto reaccionó y se levantó – No puedo, disculpa. – Le dijo a Juan quién se quedó en seco frente a esa escena.
- ¿Por qué, que sucede? – Le dijo el.
- No eres tu, soy yo. No creo estar preparada para esto – Le decía Carmen mientras se ponía la ropa.
- Discúlpame tu a mi, no tuve que haberte traído aquí.
Ella se puso de pié y se dirigió hacia la puerta. – Espera toma – Le dijo Joan extendiendo un sobre.
- ¿Qué es eso? – Le peguntó ella consternada.
- Es solo porque se que necesitas esto mas que yo. Habían 100 dólares.
- ¿De dónde lo sacaste? – Le dijo ella asombrada.
- Lo tenía conmigo por si hacía falta en el viaje.
- ¿Por qué haces esto? – Le dijo ella con los ojos apunto de soltar chorros de lágrimas.
- Yo me sentí aquí aburrido y tu confiaste en mi y me acompañaste, ahora era mi turno.
- Tu dinero no compra el cariño Juan. Yo te quiero por como eres.
Ella se tiró encima de él – Te amo – Le dijo ya sin controlar sus instintos. Hicieron el amor, besos, abrazos, caricias, movimientos fuertes y suaves acompañados por un ambiente de libertad, cuyo complemento era el sonido de las olas del mar.
El resto de tiempo lo pasaron juntos. Salían a tomar y bailar, momentos muy felices. Siempre terminaban en el cuarto del hotel haciendo el amor. El último sábado antes de regresar a lima fueron a bailar. Giordi los acompañó con una chica que había conocido - ¿Y Carmencita, qué te parece el Johi?
- ¿Johi? – Se quedó asombrada.
- Si pues, oye Juan, no me digas que no le has dicho a tu cuero como te dice la gentita. – Rieron todos, que pasa tienes miedo que te crean chibolito por ese apelativo.
La noche avanzaba entre baile y tragos y una vez mas en Juan venía la necesidad de ir al baño a aspirar un poco de cocaína - ¿Giordi, tienes un poco de vainilla?
- Vamos al baño pues brother.
Ya dentro del baño se encerraron en un urinario para aspirar su rico polvito blanco – Oye tío te comiste a la flaca esa? – Le preguntó Giordi de una manera maliciosa.
- Eso no te interesa brother – Le dijo Juan amargo ante la pregunta de su amigo.
- Puta que se debe mover bien rico ¿no?. Habla cuenta, ¿qué tal hace un mamey?.
- ¿Qué mierda preguntas? – Le dijo Juan a punto de explotar.
- Tranquilo loco, solo que a mi parecer una flaca que trabaja en el telo y tiene algo con un huésped no es tan santa que digamos, ¿o acaso tu crees que eres el primero?.
Salieron del baño luego de ese mal momento para Juan. El cogió del brazo a Carmen y se fueron para el hotel - ¿Pasa algo? – Le dijo ella consternada.
- Nada, solo que ya me aburrió este animal.
- Animal serás tu tarado, y duerme tranquilo que mañana volvemos a Lima, no lo olvides.
Ya en el hotel el prendió un wiro – Mañana tengo que largarme temprano a Lima, si que voy a extrañar este lugar – Le decía medio serio a Carmen pues no podía olvidar el comentario de Giordi.
- No te vallas Joan – Le dijo ella pensativa.
- ¿Qué te pasa?. No seas loca flaca. Allá tengo todo. Me faltan cuatro años y no voy a tirar al tacho todo lo que ya avancé.
- Creí que me querías – Le dijo ella con sus ojos llenos de lágrimas.
- Claro que te quiero chiquita, pero entiende sería como mandar mi futuro al tacho.
- Claro que entiendo – Se levantó y salió apurada de esa habitación.
Juan se quedó horas pensando en que hacer. Necesitaba un poco de brisa marina así que decidió ir a despedirse del mar norteño de madrugada. Al abrir su puerta no podía creer lo que observaba; sus ojos se llenaron de lagrimas de odio. Carmen salía de una alcoba casi desnuda.
El día jueves la invitó a salir a un local de Mancora. Entraron y se encontraron con gente de Lima a los que saludaron. Juan saludo a sus iguales, a chicos que igual que el habían llegado ya fuera en avión, bus o en sus propias camionetas 4 X 4, también habían varios extranjeros. Pidieron cervezas y piqueos, Carmen no estaba acostumbrada a beber por lo que se le subió el alcohol muy rápido, lo que conllevó a que ella se explaye mas y empezar a contarle a Juan su vida.
Los tragos iban y venían. Ya le había chocado a Juan por lo que entró al baño a aspirar un poco de cocaína. Al regresar a su mesa vio a Carmen bailar en medio de la pista. Se quedó observándola, viendo como se contorneaba ese cuerpo precioso de medio niña y medio mujer. El se levantó se puso frente a ella y se pusieron a danzar suavemente al ritmo del chill out. Se besaron en ese instante, el la cogió de la mano y la llevó al hotel.
Entraron al cuarto, el echó seguro para que nadie molestara. Ella se tiró en la cama mientras el armaba un wiro, tenía miedo de echarse en esa cama con ella, no quería malograr las cosas una vez mas, solo quería observar a esa niña y rezar para que en un futuro estuvieran los dos juntos, por un instante le hizo recordar a Jessi, pero Jessi ya no existía y Carmen era su realidad, ahora no había motivo para regarla nuevamente.
Ella en medio de su sueño abrió los ojos y vio como Juan armaba con la mayor concha su wirito - ¿Qué es eso? – Le preguntó inocentemente.
- Marihuana, ¿quieres? – Le dijo el mientras prendía el troncho recién armado.
- Eso hace daño – Le dijo ella – Todos los de Lima siempre son así.
- ¿Si me hiciera daño, tu crees que estaría haciéndolo?. Es decir tampoco es una medicina, pero si no lo haces en exceso no hay problema.
- ¿Me invitarías un poco? – Le dijo ella ganada por la curiosidad.
- Claro, toma.
El se sentó en la cama junto a ella tocándole suavemente su cabello - ¿Sabes que eres la chica que he estado buscando? – Le dijo el mirándola a los ojos. La tenía abrazada. Ella volteó y lo miró también, se besaron apasionadamente. Se echaron en la cama, el empezó a recorrer el cuerpo de esa niña, ella gemía mientras se quitaba la ropa, de pronto reaccionó y se levantó – No puedo, disculpa. – Le dijo a Juan quién se quedó en seco frente a esa escena.
- ¿Por qué, que sucede? – Le dijo el.
- No eres tu, soy yo. No creo estar preparada para esto – Le decía Carmen mientras se ponía la ropa.
- Discúlpame tu a mi, no tuve que haberte traído aquí.
Ella se puso de pié y se dirigió hacia la puerta. – Espera toma – Le dijo Joan extendiendo un sobre.
- ¿Qué es eso? – Le peguntó ella consternada.
- Es solo porque se que necesitas esto mas que yo. Habían 100 dólares.
- ¿De dónde lo sacaste? – Le dijo ella asombrada.
- Lo tenía conmigo por si hacía falta en el viaje.
- ¿Por qué haces esto? – Le dijo ella con los ojos apunto de soltar chorros de lágrimas.
- Yo me sentí aquí aburrido y tu confiaste en mi y me acompañaste, ahora era mi turno.
- Tu dinero no compra el cariño Juan. Yo te quiero por como eres.
Ella se tiró encima de él – Te amo – Le dijo ya sin controlar sus instintos. Hicieron el amor, besos, abrazos, caricias, movimientos fuertes y suaves acompañados por un ambiente de libertad, cuyo complemento era el sonido de las olas del mar.
El resto de tiempo lo pasaron juntos. Salían a tomar y bailar, momentos muy felices. Siempre terminaban en el cuarto del hotel haciendo el amor. El último sábado antes de regresar a lima fueron a bailar. Giordi los acompañó con una chica que había conocido - ¿Y Carmencita, qué te parece el Johi?
- ¿Johi? – Se quedó asombrada.
- Si pues, oye Juan, no me digas que no le has dicho a tu cuero como te dice la gentita. – Rieron todos, que pasa tienes miedo que te crean chibolito por ese apelativo.
La noche avanzaba entre baile y tragos y una vez mas en Juan venía la necesidad de ir al baño a aspirar un poco de cocaína - ¿Giordi, tienes un poco de vainilla?
- Vamos al baño pues brother.
Ya dentro del baño se encerraron en un urinario para aspirar su rico polvito blanco – Oye tío te comiste a la flaca esa? – Le preguntó Giordi de una manera maliciosa.
- Eso no te interesa brother – Le dijo Juan amargo ante la pregunta de su amigo.
- Puta que se debe mover bien rico ¿no?. Habla cuenta, ¿qué tal hace un mamey?.
- ¿Qué mierda preguntas? – Le dijo Juan a punto de explotar.
- Tranquilo loco, solo que a mi parecer una flaca que trabaja en el telo y tiene algo con un huésped no es tan santa que digamos, ¿o acaso tu crees que eres el primero?.
Salieron del baño luego de ese mal momento para Juan. El cogió del brazo a Carmen y se fueron para el hotel - ¿Pasa algo? – Le dijo ella consternada.
- Nada, solo que ya me aburrió este animal.
- Animal serás tu tarado, y duerme tranquilo que mañana volvemos a Lima, no lo olvides.
Ya en el hotel el prendió un wiro – Mañana tengo que largarme temprano a Lima, si que voy a extrañar este lugar – Le decía medio serio a Carmen pues no podía olvidar el comentario de Giordi.
- No te vallas Joan – Le dijo ella pensativa.
- ¿Qué te pasa?. No seas loca flaca. Allá tengo todo. Me faltan cuatro años y no voy a tirar al tacho todo lo que ya avancé.
- Creí que me querías – Le dijo ella con sus ojos llenos de lágrimas.
- Claro que te quiero chiquita, pero entiende sería como mandar mi futuro al tacho.
- Claro que entiendo – Se levantó y salió apurada de esa habitación.
Juan se quedó horas pensando en que hacer. Necesitaba un poco de brisa marina así que decidió ir a despedirse del mar norteño de madrugada. Al abrir su puerta no podía creer lo que observaba; sus ojos se llenaron de lagrimas de odio. Carmen salía de una alcoba casi desnuda.
Ambos cruzaron miradas, el volvió a cerrar su puerta. Se tiró a su cama y se puso a llorar. La impotencia natural del ser humano de sentirse humillado y traicionado cuando das todo y no recibes nada a cambio. Abrió su ventana había luna llena. Recordó a su abuela cuando le decía que el día en que ella muriera lo cuidaría desde la luna, extrañaba a su viejita. Se dio cuenta que a pesar de ser un lindo fin de semana igual seguía solo. Por su cabeza paso un matarse, pero era demasiado miedoso y esa opción era de valientes. Cerró los ojos para ya no pensar mas.
A la mañana siguiente Juan le contó todo a Giordi, el lo acompañaba en su decepción, cogieron sus maletas llegaron a la recepción del Hotel, pagaron la cuenta y fueron a tomar su bus de regreso a la capital.
A la mañana siguiente Juan le contó todo a Giordi, el lo acompañaba en su decepción, cogieron sus maletas llegaron a la recepción del Hotel, pagaron la cuenta y fueron a tomar su bus de regreso a la capital.
Todo el camino el la pasó en silencio viendo los desiertos y el mar. Se estiró para intentar dormir un poco, abrió su mochila para sacar su CD player para escuchar un poco de música en el camino, ahí encontró un papel escrito empezó a leerlo con calma: “Se que no me vas a perdonar nunca – decía en el escrito – pero lo hice por desespero. Pero en verdad has sido el único chico a quien verdaderamente llegué a amar. Si regresas un día sabes que acá estaré esperándote. Te amo... Carmen”.
Juan rompió la hoja mientras en el camino de regreso pensaba – La próxima vez que regrese te voy a dar por ese rico culo huevona, sea como sea te lo voy a reventar, cerró los ojos y se echó a dormir.


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