
Eran cinco de la mañana. El amigo mas querido de la gente en ese instante mágico era el Dj., ese personaje místico encargado de hacer bailar a la gente sin parar.
Se visualiza detrás del escenario los primeros rayos de luz, esta por amanecer; la barra esta casi vacía, las chicas lindas ya se fueron y la manchita de chicos empiezan a subir a sus automóvile; Solo quedan los mas hinchas, los que viven cada segundo del evento. La gente ahora se une en grupos para sacar una sola conclusión: ¿dónde la seguimos?. Adriana, Juan y Giordi no son ajenos al problema – Hay un tono en un depa de un brother, el George va ha llevar a Fabio – Era uno de los Dj. nacionales del momento - ya quedó con el, el equipo ya esta siendo metido a su mionca.
Juan estaba ya muy cansado, los ojos se le cerraban del sueño pero tenía muchas razones para seguir ahí: no quería escuchar el griterío de siempre, ni las oraciones de su madre afligida, ni las quejas de su buena pero aburrida hermana, no quería nada de eso. Quería decirle a todos los quiero, abrazar a sus amigos y meterse de lleno en un viaje intergaláctico. Necesitaba algo mas; mete la mano en su bolsillo y saca un frasco. Le quita la tapa a este y oh sorpresa, aún le quedaba una pastillita. Se la traga sin pensarlo dos veces, luego de unos quince minutos: tres, dos, uno... cero.
Abre los ojos y está en el carro de Giordi. En la Costa Verde se observa lo de siempre: grupos tomándose las primeras “chelas” del día, “mujeres de la noche” regresando a sus escondites, parejas en sus autos terminando su faena. Se ríe y piensa en lo original que es ese circo llamado Lima.
Llegan a San Isidro, están por la Avenida del Ejército. Giordi está casi destrozado pero quiere aún mas. Abre la cajuela del auto y he ahí un pequeño wiro. – Préndelo – Le dice a Juan y este obedece en el momento. Solo observa a su amigo, quiere decirle que tiene miedo de morir de esa forma, tiene miedo de no lograr nada en la vida, tiene miedo de llorar.
Pero también tiene miedo de perder a esos sus amigos así que saca su encendedor y empieza a absorber aquel humo mágico, luego lo bota y se lo pasa a Giordi. Están con las lunas del auto completamente cerradas así que se les subirá mas rápido, están horneados esperando llegar a su rumbo y estar aún mejor con alguna otra sustancia en el cuerpo; son los dueños de su vida, de ese sueño que cada fin de semana esperan no termine.
Pero como todo sueño tiene su final. Y ahora Juan abre los ojos por enésima vez y ríe al ver que esta en un depa de lujo, mucha gente a su alrededor sigue bailando con los ojos cerrados. Cada uno esta en su propio mundo, cada cuál tiene sus propios rollos, y el como siempre aduciendo que es por las drogas. Esta algo asustado. Solo observa a Adriana en un rincón con un cigarrillo encendido y sin decir nada. Lo mejor es retirarse ya.
Al salir del departamento todo era como un sueño. Aún podía recordar a esa gente, esos rostros moribundos, gente alucinando, otros aspirando cocaína y diciendo salud hasta por las bolas del gato.
Pero ya volvió a la realidad y esta si que es horrible. La gente se aleja de el o cruza al otro lado de la pista, de hecho y lo ven como un drogadicto, un borracho o vagabundo. Por fin llega a la Javier Prado, y es que el estar con la sustancia en el cerebro hicieron que no se diera cuenta de la larga distancia que caminó. Sube a la primera combi que encuentra y al abrir los ojos por enésima vez ya esta en casa.
Va de frente a la cocina. Ahí está el reloj viejo que siempre observo en ese mismo lugar. Son las cuatro de la tarde y no hay nadie. Divisa un mensaje pegado en la refrigeradora, era de su madre: “Cuando será el día en que cambies, no te das cuenta que nos matas a todos de la preocupación?, ¿Por qué no cambias si quiera un poco?. Nosotros oramos al santísimo todos los días por ti”.
Juan coge ese papel y lo rompe. Se pone a llorar pues tiene miedo de como irá a terminar.
En en otro extremo Giordi abre los ojos. Esta ahí en ese mismo departamento de donde minutos antes salió Juan, pero Giordi no sabía donde estaba. Se dirige hacia el baño y entra. Mira su camisa y hay manchas rojas, a pique y le ha salido sangre de tanta cocaína que inhaló. Coge su canguro, verifica que estén las llaves del auto. Observa en una esquina y observa a Adriana, se estaba metiendo un poco de coca para terminar ya con su juerga.
Se visualiza detrás del escenario los primeros rayos de luz, esta por amanecer; la barra esta casi vacía, las chicas lindas ya se fueron y la manchita de chicos empiezan a subir a sus automóvile; Solo quedan los mas hinchas, los que viven cada segundo del evento. La gente ahora se une en grupos para sacar una sola conclusión: ¿dónde la seguimos?. Adriana, Juan y Giordi no son ajenos al problema – Hay un tono en un depa de un brother, el George va ha llevar a Fabio – Era uno de los Dj. nacionales del momento - ya quedó con el, el equipo ya esta siendo metido a su mionca.
Juan estaba ya muy cansado, los ojos se le cerraban del sueño pero tenía muchas razones para seguir ahí: no quería escuchar el griterío de siempre, ni las oraciones de su madre afligida, ni las quejas de su buena pero aburrida hermana, no quería nada de eso. Quería decirle a todos los quiero, abrazar a sus amigos y meterse de lleno en un viaje intergaláctico. Necesitaba algo mas; mete la mano en su bolsillo y saca un frasco. Le quita la tapa a este y oh sorpresa, aún le quedaba una pastillita. Se la traga sin pensarlo dos veces, luego de unos quince minutos: tres, dos, uno... cero.
Abre los ojos y está en el carro de Giordi. En la Costa Verde se observa lo de siempre: grupos tomándose las primeras “chelas” del día, “mujeres de la noche” regresando a sus escondites, parejas en sus autos terminando su faena. Se ríe y piensa en lo original que es ese circo llamado Lima.
Llegan a San Isidro, están por la Avenida del Ejército. Giordi está casi destrozado pero quiere aún mas. Abre la cajuela del auto y he ahí un pequeño wiro. – Préndelo – Le dice a Juan y este obedece en el momento. Solo observa a su amigo, quiere decirle que tiene miedo de morir de esa forma, tiene miedo de no lograr nada en la vida, tiene miedo de llorar.
Pero también tiene miedo de perder a esos sus amigos así que saca su encendedor y empieza a absorber aquel humo mágico, luego lo bota y se lo pasa a Giordi. Están con las lunas del auto completamente cerradas así que se les subirá mas rápido, están horneados esperando llegar a su rumbo y estar aún mejor con alguna otra sustancia en el cuerpo; son los dueños de su vida, de ese sueño que cada fin de semana esperan no termine.
Pero como todo sueño tiene su final. Y ahora Juan abre los ojos por enésima vez y ríe al ver que esta en un depa de lujo, mucha gente a su alrededor sigue bailando con los ojos cerrados. Cada uno esta en su propio mundo, cada cuál tiene sus propios rollos, y el como siempre aduciendo que es por las drogas. Esta algo asustado. Solo observa a Adriana en un rincón con un cigarrillo encendido y sin decir nada. Lo mejor es retirarse ya.
Al salir del departamento todo era como un sueño. Aún podía recordar a esa gente, esos rostros moribundos, gente alucinando, otros aspirando cocaína y diciendo salud hasta por las bolas del gato.
Pero ya volvió a la realidad y esta si que es horrible. La gente se aleja de el o cruza al otro lado de la pista, de hecho y lo ven como un drogadicto, un borracho o vagabundo. Por fin llega a la Javier Prado, y es que el estar con la sustancia en el cerebro hicieron que no se diera cuenta de la larga distancia que caminó. Sube a la primera combi que encuentra y al abrir los ojos por enésima vez ya esta en casa.
Va de frente a la cocina. Ahí está el reloj viejo que siempre observo en ese mismo lugar. Son las cuatro de la tarde y no hay nadie. Divisa un mensaje pegado en la refrigeradora, era de su madre: “Cuando será el día en que cambies, no te das cuenta que nos matas a todos de la preocupación?, ¿Por qué no cambias si quiera un poco?. Nosotros oramos al santísimo todos los días por ti”.
Juan coge ese papel y lo rompe. Se pone a llorar pues tiene miedo de como irá a terminar.
En en otro extremo Giordi abre los ojos. Esta ahí en ese mismo departamento de donde minutos antes salió Juan, pero Giordi no sabía donde estaba. Se dirige hacia el baño y entra. Mira su camisa y hay manchas rojas, a pique y le ha salido sangre de tanta cocaína que inhaló. Coge su canguro, verifica que estén las llaves del auto. Observa en una esquina y observa a Adriana, se estaba metiendo un poco de coca para terminar ya con su juerga.
Ella no reacciona, solo tiene un pequeño temblor en el cuerpo. Los ojos se le cerraban. Giordi tiene miedo, cree que ella esta muriendo – No te puedes ir, yo te quiero – Le dice para ver si sirve de algo, y si funciona. La mirada de Adriana vuelve a vivir, se para y sale de ese lugar con el que en un futuro próximo se convertirá en su gran amor.


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