Juan se encontraba en casa de Lucho haciendo ejercicios. Últimamente se le había dado por quemar calorías, especialmente en vísperas de verano. Lucho no consumía drogas, pero tenía otra debilidad: las mujeres. No podía durar con una chicas mas de quince días o a lo mucho un mes, le aburría la monotonía. Juan por el contrario estaba aún deseoso de encontrar a aquella chica que le diera tal fuerza de voluntad capaz de dejar de lado todos sus vicios
– Oye, ¿qué vas a hacer mas tarde?. Unas perritas querían hacerse unos tattoos y pensaba llevarlas donde Daniel, haber si me acompañas, por ahí y sales premiado.
- Ya pues chévere, de paso y le pido a Daniel un poco de hierva. Están que se me terminan las reservas
- Puta brother yo te hablo de hembras y tu solo piensas en fumar hierva
- Será que últimamente ando bien angurris – Joan se puso a analizar que eran pocas las veces que estaba lucido. Las drogas lo habían dominado completamente.
Horas mas tarde van al estudio de Daniel, las amigas de Lucho ya estaban ahí, Mariana y una amiga mas. Mariana era una de las mejores amigas de Gabriela, una chica de la Facultad con la que Juan siempre quiso estar por lo que puso un poco nervioso. Empezó a darse cuenta que siempre se ponía nervioso frente a una chica si no estaba drogado pues se sentía raro, un tipo nada normal lo que no le permitía decir ni si quiera un hola que tal.
Prefirió irse al lado de Daniel antes de saludar a las chicas. – Habla pues ratita ¿cómo te trata la vida? – Le dijo Juan al tatuador.
- Ese Juancito, siempre trayéndome clientela. No te preocupes que en unos minutos te traigo unos wirachos para que mates el tiempo.
Daniel empezó a tatuar a la amiga de Mariana. Juan subió con esta y Lucho al segundo nivel del local. Era una tienda grande de dos pisos, con dibujos de tatuajes por todos lados, una salita de estar y música a todo volumen. Lucho sacó de su mochila un ron y se pusieron a tomar. Mariana estaba algo tensa, se servía un vaso y se lo tomaba en seco.
Pasó una media hora de gritos de la chica que se estaba tatuando, no aguantaba mucho el dolor, por lo que Daniel terminó con su trabajo. Ambos subieron al segundo nivel. Daniel sacó de un cajón una bolsa que contenía marihuana. – Toma pues Juancito, ármate un rico dubi.
- ¿Tu fumas? – Le preguntó a Juan la amiga de Mariana.
- ¿No sabes?, es el peor de la Universidad – Le dijo Mariana a su amiga con tono sarcástico – Ya vez, por eso repites de año – Le dijo a Juan. El estaba concentrando armando el wiro.
- Y aparte de eso por pajero – Añadió Lucho. Todos se echaron a reír.
- Ayayay, me están dando ganas de probar un poquito. – Dijo Mariana. El wiro ya estaba prendido y rotándose de boca en boca.
- No seas loca – Le dijo su amiga.
- Ratita, invítales a las chicas un poco, no seas usura – Le dijo Lucho a Daniel.
- ¿Quieren chicas? – Les preguntó Daniel acercándole el wiro a Mariana.
- Mejor no – Dijo Mariana – No es ni el momento ni el lugar.
- Entonces ya vamos – Dijo su amiga – Total ya se acabó el trago.
- Si quieren vamos a mi casa – Dijo Juan mientras aguantaba el humo en sus pulmones. Por fin se había dignado a decir una palabra – Ahí tengo un par de vinos. Haber si ahí te animas a fumar – Le dijo a Mariana sonriéndole.
Salieron de Camino Real y fueron rumbo a la casa de Juan. El sabía que en ese momento no había nadie y podría hacer lo que quisiera. En el camino, dentro del taxi, Mariana empezó a tocarle entre las piernas a Joan. – Alguna persona me dijo que la hierva es afrodisíaco, así que ten cuidado con lo que estas haciendo – Le dijo Juan a Mariana, esta rió.
Llegaron a su destino. Luchito acompañó a Juan a su dormitorio – La estas haciendo linda con Mariana – Le dijo Luchito – Recuerdo que cuando estaba con mi ex casi me la tiro pero no hubo oportunidad. A esa huevona le encanta el sexo, fácil que con un wiro la haces mas linda.
Sacaron un par de vinos del bar del padre de Joan. Este se percató de que fueran de buena cosecha para impresionar a las chicas. Luchito se puso a echarle multimicin al tatuaje de la amiga de Mariana con delicadeza y con el afán que esta se excitara. Juan subió a su alcoba por una rizla para armar el wiro. Lo armaron y prendieron, de frente se lo pasó a Mariana. Ella aspiró y se atoró. Ambos cerraron los ojos
Joan abrió los ojos. No sabía como había aparecido en casa de Mariana. Una vez mas había borrado casette. Estaba tan intoxicado que no era consiente de sus actos. Eso le podría costar caro en cualquier momento, al no saber que cosa hacía cuando mezclaba marihuana y alcohol, se cruzaba horrible.
Luchito despertó y se fue con la amiga de Mariana. Juan estaba voladazo mirando una pared vacía. – Si quieres te puedes quedar a dormir – Le dijo Mariana balbuceando – No creo que me quieras hacer algo ¿no?.
- Yo no te voy a hacer nada que tu no quieras Mariana – Le dijo el.
Se quedaron solos, ambos estaban ebrios y volados. Ella lo llevó al dormitorio. El se quitó el polo y el pantalón, se quedó solo en bóxer - ¿Por qué usas boxers? – Le preguntó – ¿Es que tan grande es tu pichula? – Se la tocó.
Juan se avergonzó un poco pues en verdad su miembro estaba erecto, y se erectaba aún mas mientras veía como ella se quitaba la blusa y su pantalón apretadísimo. Ahora ambos estaban en ropa interior. Ella apagó las luces – ¿Sabes que hace tiempo nadie duerme en esa cama? – Le dijo a Joan señalándole la cama de al lado de ella.
- Pues yo tendré el honor esta noche. Ya te dije Mariana, no soy ningún violador, no te preocupes.
Se tapó con una sábana y cerró los ojos. No quería observar ese cuerpo semi desnudo que lo incitaba a pecar, pero no podía ignorarlo. La respiración de ella, los movimientos que hacía en su cama, los gemidos que le salían, todo era preciso.
No aguantó mucho tiempo mas. Se levantó de la cama y se fue hacia la cama de Mariana, quitándose en ese corto tramo de distancia el boxer que llevaba puesto. Lentamente y con cuidado se acomodo al costado de ella y empezó a manosear el cuerpo de su amiga. Mientras el hacía esto, ella gemía poco a poco con mayor intensidad. Ella cogió las manos de Joan y las puso encima de sus senos. El se los apretaba.
No pudo esperar mas. Su miembro estaba completamente erecto, su sangre circulaba a mil, la adrenalina y el éxtasis de tener a esa mujer arrecha y desnuda le hacían no pensar en nada. Se la metió con todo. Fue una experiencia corta pero satisfactoria.

