
Ahí estaba el, frente a su computador. La red de internet estaba demasiado lenta, sus manos sudaban, eso siempre le incomodaba, mas era el precio de su constante anciedad e impotencia. Esta vez había algo mas fuerte que originaba esa rabia. El archivo que valía oro para el, el archivo de sus historias había desaparecido del CPU del computador. El ya sabía quien había sido.
Se sentía demacrado, en estado atónito, medio vegetal. Toda la vida se la pasó escribiendo para que una mano prendiera el mismo computador, hiciera clic derecho, seleccionara eliminar y hasta nunca archivos de Juan. Era como si a una madre que se encuentra en gestación fuera obligada a abortar. Le cortaron las alas de su inspiración, mataron su creación, su sueño de ser un gran escritor esfumado por los aires.
Intentaba cerrar los ojos. Tenía que hacerlo. El siguiente día sería muy importante. Tenía una cita con Jessi. Pero no podía hacerlo, cada vez que cerraba por instantes sus ojos aparecían en su ser los mas horripilantes deseos de odio y destrucción.
No entendía por que su padre, un hombre con éxito en los negocios, buen corazón, pero demasiado prepotente, detestaba tanto que fuera escritor; Abogado también sería en su momento, pero total todo abogado debe saber elaborar sus escritos, debe desarrollar al máximo su lenguaje escrito.
Y eso es lo que el hacía: escribir y escribir, leer y re leer. La única diferencia es que esto era mas apasionante. El era artista, un verdadero escritor, de aquellos que no les interesa ganar premios o dinero por sus obras, que no le interesa salir en reportajes de revistas o televisión, que no le interesa ni un comíno el que dirán a su alrededor. Su único objetivo era saber que lo que hacía lo hacía bien, estar a gusto el mismo, con el talento que día a día iba descubriendo. Si tan solo su padre entendiera que no todos los escritores fuman tronchos, si pudiera decirle que el fumaba tronchos no por el hecho de ser escritor, si no porque era un drogadicto, quizá todo hubiera sido distinto, sin embargo, el temor por un inminente internamiento en algún centro de rehabilitación lo hacía quedarse callado y encerrado en si mismo.
No entendía como así se había enganchado tanto con la marihuana, era algo que le encantaba, la coca ni hablar, era como un bólido en plena carrera, yendo a toda velocidad, pero aún no se había percatado que los frenos estaban empesando a fallar y que en cualquier momento se vaciarían produciendo un estrepitoso accidente, en el cuál, solo el destino sabía si saldría vivo.
Las luces del sol calentaban la mejilla de Juan. Estaba desnudo y resaqueado; abrió los ojos y aún había un poco de polvo blanco desparramado por la cama. Se puso de pié y sacudió la sabana para que no quedara rastro de la juerga nocturna que tuvo la noche anterior con su compañera la soledad.
Fue al baño, dos pastillas de las que tomaba su mama para los nervios y abundante agua caliente en su nariz como le aconsejo algún amigo pichanguero, sangre salía de uno de sus orificios nasales, pero no le asustaba, ya estaba acostumbrado.
Bajó todo ojeroso al comedor a tomar desayuno. Jugo de naranja, tostaditas, mantequilla, los cubiertos de plata, todo en un perfecto orden. Las dos empleadas entraban y salían cada vez que el padre de Juan daba una orden. Se sentó cayado, sin mirar a nadie.
Se sentía demacrado, en estado atónito, medio vegetal. Toda la vida se la pasó escribiendo para que una mano prendiera el mismo computador, hiciera clic derecho, seleccionara eliminar y hasta nunca archivos de Juan. Era como si a una madre que se encuentra en gestación fuera obligada a abortar. Le cortaron las alas de su inspiración, mataron su creación, su sueño de ser un gran escritor esfumado por los aires.
Intentaba cerrar los ojos. Tenía que hacerlo. El siguiente día sería muy importante. Tenía una cita con Jessi. Pero no podía hacerlo, cada vez que cerraba por instantes sus ojos aparecían en su ser los mas horripilantes deseos de odio y destrucción.
No entendía por que su padre, un hombre con éxito en los negocios, buen corazón, pero demasiado prepotente, detestaba tanto que fuera escritor; Abogado también sería en su momento, pero total todo abogado debe saber elaborar sus escritos, debe desarrollar al máximo su lenguaje escrito.
Y eso es lo que el hacía: escribir y escribir, leer y re leer. La única diferencia es que esto era mas apasionante. El era artista, un verdadero escritor, de aquellos que no les interesa ganar premios o dinero por sus obras, que no le interesa salir en reportajes de revistas o televisión, que no le interesa ni un comíno el que dirán a su alrededor. Su único objetivo era saber que lo que hacía lo hacía bien, estar a gusto el mismo, con el talento que día a día iba descubriendo. Si tan solo su padre entendiera que no todos los escritores fuman tronchos, si pudiera decirle que el fumaba tronchos no por el hecho de ser escritor, si no porque era un drogadicto, quizá todo hubiera sido distinto, sin embargo, el temor por un inminente internamiento en algún centro de rehabilitación lo hacía quedarse callado y encerrado en si mismo.
No entendía como así se había enganchado tanto con la marihuana, era algo que le encantaba, la coca ni hablar, era como un bólido en plena carrera, yendo a toda velocidad, pero aún no se había percatado que los frenos estaban empesando a fallar y que en cualquier momento se vaciarían produciendo un estrepitoso accidente, en el cuál, solo el destino sabía si saldría vivo.
Las luces del sol calentaban la mejilla de Juan. Estaba desnudo y resaqueado; abrió los ojos y aún había un poco de polvo blanco desparramado por la cama. Se puso de pié y sacudió la sabana para que no quedara rastro de la juerga nocturna que tuvo la noche anterior con su compañera la soledad.
Fue al baño, dos pastillas de las que tomaba su mama para los nervios y abundante agua caliente en su nariz como le aconsejo algún amigo pichanguero, sangre salía de uno de sus orificios nasales, pero no le asustaba, ya estaba acostumbrado.
Bajó todo ojeroso al comedor a tomar desayuno. Jugo de naranja, tostaditas, mantequilla, los cubiertos de plata, todo en un perfecto orden. Las dos empleadas entraban y salían cada vez que el padre de Juan daba una orden. Se sentó cayado, sin mirar a nadie.
– Por lo menos saluda insolente – le dijo su padre. Juan lo miró y no aguantó mas. La ira que llevaba por dentro, mas los kilos de coca que tenía en el cerebro le hacían reaccionar con violencia.
- Cállate la boca viejo huevón – Le dijo parándose de la mesa.
- Oye mocoso insolente, siéntate o te meto una cachetada. – Le dijo su padre tomándolo del cuello. La madre y hermana de Juan miraban asombradas esa escena.
- Suéltame huevón. – Le dijo Juan empujando a su padre y se retiró en el acto. Su madre se levantó para detener a su hijo pero no pudo alcanzarlo. La puerta se cerró con fuerza.
No se escapó muy lejos. Se fue al jardín a jugar con su perro Canabis; El intenso dolor de cabeza le hacía sentir como si una fuerza extraña quisiera extraerle el cerebro del cuerpo Subió al cuarto de sus padres y se echó a llorar en los brazos de mamá. Quería mirarla y decirle que desde los quince años estaba con dependencia hacia las drogas, y que el no era malo, solo que reaccionaba así porque no estaba lúcido. Ella le secó las lágrimas y sacó un rosario. – Vamos rezarle al Santo Padre para que interceda por la paz de este hogar.
Si tuviera a Juan frente a mí hoy en día, le explicaría que este tema de la oración si tiene real importancia. El encontrar un Ser Superior a uno mismo y dejarle en sus manos cualquier dificultad en la que se encuentre, dejando que el haga su voluntad y no la suya, es una medicina ante cualquier mal. Lo difícil esta en identificar a este Ser Superior, especialmente para Juan que de por si se creía un Dios.
Salió del cuarto de su madre. El teléfono sonó. - ¿Hola? – Contestó Juan. Era su padre.
- Hola, ¿ya se te pasó el berrinche de maricueca?. Te llamaba para disculparme. Anda dile a tu madre que te de algo de billete y levántate un buen culo. – Le dijo.
- Ok. Gracias – Juan cortó el teléfono.- Viejo huevón – pensó al cortar el teléfono – crees que me compras con tu plata.
- Cállate la boca viejo huevón – Le dijo parándose de la mesa.
- Oye mocoso insolente, siéntate o te meto una cachetada. – Le dijo su padre tomándolo del cuello. La madre y hermana de Juan miraban asombradas esa escena.
- Suéltame huevón. – Le dijo Juan empujando a su padre y se retiró en el acto. Su madre se levantó para detener a su hijo pero no pudo alcanzarlo. La puerta se cerró con fuerza.
No se escapó muy lejos. Se fue al jardín a jugar con su perro Canabis; El intenso dolor de cabeza le hacía sentir como si una fuerza extraña quisiera extraerle el cerebro del cuerpo Subió al cuarto de sus padres y se echó a llorar en los brazos de mamá. Quería mirarla y decirle que desde los quince años estaba con dependencia hacia las drogas, y que el no era malo, solo que reaccionaba así porque no estaba lúcido. Ella le secó las lágrimas y sacó un rosario. – Vamos rezarle al Santo Padre para que interceda por la paz de este hogar.
Si tuviera a Juan frente a mí hoy en día, le explicaría que este tema de la oración si tiene real importancia. El encontrar un Ser Superior a uno mismo y dejarle en sus manos cualquier dificultad en la que se encuentre, dejando que el haga su voluntad y no la suya, es una medicina ante cualquier mal. Lo difícil esta en identificar a este Ser Superior, especialmente para Juan que de por si se creía un Dios.
Salió del cuarto de su madre. El teléfono sonó. - ¿Hola? – Contestó Juan. Era su padre.
- Hola, ¿ya se te pasó el berrinche de maricueca?. Te llamaba para disculparme. Anda dile a tu madre que te de algo de billete y levántate un buen culo. – Le dijo.
- Ok. Gracias – Juan cortó el teléfono.- Viejo huevón – pensó al cortar el teléfono – crees que me compras con tu plata.
Retornó al cuarto de su madre y le indicó a esta el recado del patriarca de la casa. La madre abrió uno de sus cajones y extrajo su chequera. – Esto es por tu papá y esto otro por tu madre que te adora. Anda cómprate un buen libro y sigue escribiendo mi futuro Bryce – le dijo su madre entregándole dos cheques.
Juan miró las sumas – Vieja tacaña – pensó- Bueno pues no me sobrara para comprarme el libro, pero hoy si o si me meto un pichangón.


1 comentario:
Aqui empieza todo!
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