
Eran las seis de la tarde. La Avenida Javier Prado estaba con la congestión de siempre. Ahí estaba Juan en la esquina de Javier Prado con la Arequipa. Ahí esperaba a Jessi, esa chiquilla que había marcado algo especial dentro de todo su egocentrismo y frivolidad; y es que en verdad quería verla, sentir su piel, deleitarse con su aroma.
Y así de la nada apareció ella. Estaba con unos jeans apretados y un polo negro. Era delgada, de facciones finas. - ¿Cómo has estado? – Le dijo Juan.
- Bien ¿y tu? – le respondió ella con cortesía.
- Aguantándomelas como siempre. Ya no soporto mas a mis viejos, quisiera largarme de mi casa, he estado viendo unos departamentos chiquitos bien bonitos, pero pucha se que si me voy de mi casa estaría a la deriva (lo decía pues realmente no sabía hacer mucho). Oye que tal si vamos a latear por el malecón. Hace siglos que no voy por ahí.
- Como quieras. Pero eso si vamos en combi. – Le respondió ella y añadió – Soy la mujer del ahorro - Juan aceptó por mas y odiara subir a esas combis repletas de gente, pero mas podía su deseo por estar al lado de esa chiquilla de barrio que tanto influenciaba en su conducta.
Bajaron en Larco y se pusieron a caminar por el malecón. El espectáculo que se observaba era hermoso. Realmente el ver el inmenso océano, se comprobaba que existe un Dios, por la perfección de la creación.Caminaban juntos, ella escuchaba atentamente lo que Juan le decía. El no dejaba de mirar a Jessi y hablar sin parar. Las horas pasaban y ellos ni cuenta.
Y así de la nada apareció ella. Estaba con unos jeans apretados y un polo negro. Era delgada, de facciones finas. - ¿Cómo has estado? – Le dijo Juan.
- Bien ¿y tu? – le respondió ella con cortesía.
- Aguantándomelas como siempre. Ya no soporto mas a mis viejos, quisiera largarme de mi casa, he estado viendo unos departamentos chiquitos bien bonitos, pero pucha se que si me voy de mi casa estaría a la deriva (lo decía pues realmente no sabía hacer mucho). Oye que tal si vamos a latear por el malecón. Hace siglos que no voy por ahí.
- Como quieras. Pero eso si vamos en combi. – Le respondió ella y añadió – Soy la mujer del ahorro - Juan aceptó por mas y odiara subir a esas combis repletas de gente, pero mas podía su deseo por estar al lado de esa chiquilla de barrio que tanto influenciaba en su conducta.
Bajaron en Larco y se pusieron a caminar por el malecón. El espectáculo que se observaba era hermoso. Realmente el ver el inmenso océano, se comprobaba que existe un Dios, por la perfección de la creación.Caminaban juntos, ella escuchaba atentamente lo que Juan le decía. El no dejaba de mirar a Jessi y hablar sin parar. Las horas pasaban y ellos ni cuenta.
El reloj se cansó y sus manecillas descansaron; un beso y un abrazo viendo el atardecer dejaron en paz su existir, quería estar con esa chica mas su egocentrismo y vanidad se lo impedían pues no era de aquellas con la que el juergueaba los viernes o sábados, no era de lo mal llamado en lima gentita; Cualquier guanaco es gentita para Lima, sin embargo ella no pertenecía a esa elite, era muy sencilla y muy tierna para poder entrar en el mundo de Juan.


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