jueves, 6 de noviembre de 2008

6) La Catedrática


Se llamaba Leslie Montero. Era catedrática en la facultad en el Curso de Derechos Humanos. Juan llevaba ese curso con ella e incluso se dio el lujo de ser su asistente de cátedra por lo que dialogaban seguido y se había forjado una excelente relación amical a pesar que en cierta ocasión y frente a toda el aula le había insinuado que tenía muy bonitas piernas, por lo que no tuvo mas remedio que jalarlo en el ciclo para cuidar las apariencias.

Aquella tarde el fue a su oficina. Como nunca se puso su mejor terno, algo de gel en la cabeza, afeitado y perfumado, y es que le fascinaba aquella mujer. Era el prototipo de chica con el que siempre había soñado, pero no necesariamente con el que el se inmiscuía: madura, profesional, estilo sofisticado, de esas que se visten con sastre, falda y tacones altos. El buscaba eso en una mujer, pero siempre se ligaba al ángulo contrario.

Se saludaron con un beso en la mejilla. El la miraba de arriba abajo, era realmente atractiva. Viéndola bien, Juan comprendía el por que todos los profesores deseaban a esa mujer
- Y dime Juan, ¿a qué debo tu visita? – Le preguntó ella.
- Leslie – El la tuteaba pues ella no era tan mayor, 26 años y el 21– Necesito que me ayudes con lo de las notas pues.
- Tu sabes que yo quisiera hacer eso pero no puedo, luego se puede hablar en la Facultad del favoritismo.
- Si, lo se. Pero te juro que nadie se va a enterar. – El no dejaba de observarla.

Ella se levantó se notaba un poco agotada. El se puso a sus espaldas, sentía su aroma y no pudo contenerse mas. Observó su bella cabellera y lentamente empezó a manipular con delicadeza los hombros de esa mujer. Con delicadeza y suavidad empezó ha hacerle masajes con el único fin de estimular sus mas bajos instintos, lo que era comprobado con el aumento de respiración y uno que otro gemido que se le escapaba . Ella se apartó y se lo quedó mirando, en sus ojos se mostraba la duda. Ella reaccionó y se apartó bruscamente mas lo miraba con deseo, tanto como el. No sabía que hacer si botar a ese chico o dejarse llevar por sus instintos.
- Dime Juan, ¿te gusto?
- No me gustas, me alocas. Dime a quien no le pareces preciosa.
- No me importa el resto, te lo estoy preguntando a ti.
- Me encantas, me fascinas.
- Si eso es cierto, que haces ahí como un tontito masturbándote mentalmente y no me tomas.

La aprobación estaba dictaminada. Sin pensarlo dos veces el se abalanzó sobre ella. Empezaron a besarse, a desvestirse con prisa mientras que las manos de ambos reconocían ambos cuerpos, estimulándose y sintiendo cada segundo un poco mas de placer. El la empujó contra la pared y ella aprovechó en poner seguro a la puerta de su despacho. La agarró de espaldas y empezó ha hacerle el amor.

Se encontraban en el piso doce del Palacio de Justicia. Lo único que perturbaba ese momento era la bulla de la calle, pero eso ellos ignoraban.

Terminaron tirados y abrazados en el suelo. Ella lo abrazó – Lástima que no enseñe el otro año en la Facultad, si no tendrías un veinte asegurado – El le sonrió.

Luego se cambiaron. Afuera algunos asistentes estaban mirándolo de reojo cuando el salió. Eso era obvio pues los gemidos de Leslie habían salido pausadamente pero de hecho que algunos se habían ganado con el show. Eso a el no le importó, tenía aires de triunfador, había conseguido la máxima presa deseada por muchos. Eso para el ya era un logro mucho mas que ser un gran abogado, mucho mas que ser superman, el no era un tipo cualquiera.
Ese egocentrismo tiempo después le costaría muy caro. El creía que iba camino al éxito, no sabía que de a pocos se iba forjando su derrota total.

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