
Juan está sentado en la sala, no hay nadie en casa por lo que puede aspirar algunas líneas de coca. Lo acompaña un cigarrillo en la mano derecha y un vaso de vodka puro a la izquierda. Piensa por un momento que lo mejor hubiera sido morir en el choque de días atrás. El teléfono suena, no quiere contestar. Vuelve a sonar y ante la insistencia intenta pararse en el estado alcoholizado en el que estaba, cae al piso. El teléfono no deja de sonar, el se levanta y contesta de mal humor -¿Carajo quien es? – Contesta el.
- Hola Juan. ¿reconoces mi voz?
- Jenny, ¿eres tu?. El no podía creerlo. Hace tanto que no sabía de ella.
- Estas tomando Juan. Tu voz te delata, espero no sea así. En fin, solo llamaba para informarte que mañana vuelvo a Lima.
Ella no le da tiempo de decir nada mas. Se corta la llamada. Por un momento el piensa que todo es producto de su imaginación. Era imposible que fuera Jenny, y si lo era significaba una gran alegría pero a la vez una gran preocupación, mas no podía dejarse ganar por los temores. El tiempo había pasado, el seguía siendo el mismo drogadicto de siempre, ella se supone que con el programa de desintoxicación al que entro había cambiado. Sin embargo lo que mas le preocupaba era el tono de voz de Jenny. Sabía que algo sucedía pero no quería presentir nada. Prefería creer que dentro de un día todo volvería a ser como antes.
Al día siguiente esta en la puerta de llegada de internacionales parado. El Jorge Chávez está repleto como siempre. Ellos están esperando a su amiga, Adriana y Juan siempre fieles. Minutos antes habían estado tomando un café en el segundo nivel mientras observaban como llegaban los vuelos. Era gracioso ver la cantidad de peruanos que viajaban con la intención de no volver mas al Perú así como los shows artísticos que se armaban fotografías, abrazos y besos, lagrimas, un grito de no te vallas aquí te espero. Ambos chicos se burlaban.
Adriana le contó a Juan que días antes estuvo en ese mismo lugar con Giordi pues se había ido a Italia, su padre lo había mandado lejos, lejos de los vicios que cada día lo corrompían mas. Juan se quedó tranquilo pues no sabía nada de su amigo desde el día del accidente, creía que había muerto y que nadie le quiso decir nada para evitar una fuerte depresión.
Las horas avanzaban, ambos están emocionados por ver a la niña de su vida. Adriana le pide que tenga paciencia y que por nada en el mundo le diga a Jenny los encuentros fortuitos que tuvieron en su ausencia. Sin embargo ella no se aguanta y le roba un beso diciéndole que será la ultima vez que prueba sus labios hasta que por lo menos Jenny vuelva a desaparecer de Lima. Lo único que si le advierte que se llevará una no muy grata sorpresa.
Juan se desespera quiere saber cual es esa no muy grata sorpresa. Sigue observando, mirando fijamente cada persona que sale por la puerta pero de Jenny nada. - ¿Qué pudo haber pasado? – Se pregunta, esta a punto de llorar.
Repentinamente una mano lo toca por la espalda - ¿Disculpa muchacho, ¿sabes donde puedo ver las estrellas y el mar juntos, al sol y a la luna a la vez, un eclipse de amor? – Juan no necesita escuchar mas, voltea y la besa con fuerza. Jenny ha vuelto.
Luego se separa y se queda atónito. Es imposible que sea ella. ¿Por qué a ella?. No era posible, se queda callado y no dice ni una palabra. Suben al auto de Juan. Les dice a las dos amigas que vallan atrás el quería estar solo adelante. Quería llorar y decirle al mundo por que tenía esa maldita suerte.
El viaje a La Molina se hacía infinito. El mira a su chiquilla por el espejo retrovisor. Sigue igual de preciosa. El gorrito que le cubre lo que en algún momento estuvo poblado por una linda cabellera le da un toque de dulzura. Reacciona y piensa que no debe ser tan malo. Ahora ella necesita mas que nunca de su ayuda, no puede dejarla y no lo hará. No deja de maldecir al destino que es tan cruel con algunas personas. El debería ser el calvo, el debería tener cáncer, el debería morir mañana y llevarse al infinito toda la porquería de vida que siempre tuvo.


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